jueves, 16 de octubre de 2014

ENCUENTRO BDSM on-line


Poniendo un toque de humor, y sin animo de que nadie se ofenda, os dejo aquí una cybersesión  o lo que se supone que seria... jajaja

 Los usuarios de ordenadores a veces suelen practicar sexo “cyber”, y la comunidad D/s cibernética se ve reflejada en esta parodia.  A veces uno de los dos chateros no parece entender bien el significado del sexo “cyber”.  Bueno, tal vez sí...  Veámoslo…


CyberMaster:  Hola, sumi. ¿Cómo eres? Y ¿qué llevas puesto?


Sumi:  Llevo una blusa de seda roja, una minifalda y tacones altos.  Voy al gimnasio todos los días, tengo un cuerpo tonificado y perfecto.  Mis medidas son 90-60-90.  Y tú, ¿cómo eres y cómo vas vestido? 


CyberMaster:  Mido 1.90 y peso 250 libras.  Uso gafas y llevo puestos unos calzones azules que he comprado en Damart.  También llevo una camiseta con varias manchas de salsa de barbacoa de la cena… huele raro.  ¡Ah!, y ¡también tengo una fusta!... Eso creo.


Sumi:  Me siento muy sumisa. Te deseo. ¿Te gustaría dominarme?


CyberMaster:  Ok, de acuerdo.


Sumi:  Bien, imagina… Estamos en mi dormitorio.  Hay una música suave en el estéreo y velas en mi tocador y mi mesilla de noche.  Te miro a los ojos, sonriendo.  Me arrodillo ante tí.  Mis manos bajan hasta tu entrepierna y empieza a acariciar tu gran e hinchado bulto.


CyberMaster:  Espera un momento, que me ha dado un ataque de tos.  Estoy sudando y se me ha caido mi bastón… digooo, fusta. 


Sumi: Te estoy quitando la camiseta y besando tu pecho.


CyberMaster:  Ya estoy listo… Ahora te desabrocho la blusa. Mis manos están temblando.


Sumi:  Gimo suavemente.


CyberMaster:  Te quito la blusa y se desliza suavemente por tu cuerpo cayendo al suelo.


Sumi:  Echo atrás mi cabeza de placer. La seda fría se escurre por mi piel caliente. Te estoy frotando tu polla rápidamente, tirando de ella y frotándola.


CyberMaster:  Mi mano se mueve espasmódicamente y accidentalmente hace un agujero en tu blusa.  Lo siento.  Espera… Estoy buscando la fusta.


Sumi:  Está bien. No era demasiado cara… Y tu fusta está justo ahí.


CyberMaster:  Te la pagaré  (Y ya recuperé mi fusta).


Sumi:  No te preocupes por eso.  Llevo puesto un sujetador de encaje negro.  Mis tetas suaves suben y bajan mientras mi respiración se hace cada vez más fuerte.


CyberMaster:  Me estoy haciendo un lío con el broche de tu sujetador.  Creo que se ha atascado. ¿Tienes unas tijeras?


Sumi:  Te cojo la mano y la beso suavemente. Me desabrocho el sujetador. Se desliza por mi cuerpo. El aire acaricia mis pechos. Mis pezones están erectos para tí.


CyberMaster:  ¿Cómo lo hiciste? -cojo el sujetador e inspecciono el cierre-.  He vuelto a tirar… esa cosa.


Sumi:  Arqueo mi espalda. ¡Oooh baby!. Sólo quiero sentir tu lengua por todo mi cuerpo.


CyberMaster:  Aparto el sujetador, te estoy lamiendo tus… ya sabes… pechos.  Son lindos.  Pienso que quizá debería haber traído unas esposas.


Sumi:  Te paso mis dedos por tus cabellos. Ahora te mordisqueo tu oreja.


CyberMaster:  Estornudo de repente.  Mi teclado… digooo, tus pechos están cubiertos de…¡Joderrr!… ¡mocos y saliva… ¡que asco!.


Sumi:  ¿Qué?


CyberMaster:  Lo siento, de verdad.


Sumi:  Limpio tu moco de mis pechos con los restos de mi blusa rota.


CyberMaster:  Te quito tu blusa húmeda.  La tiro al suelo.  Miro abajo.  ¡He encontrado mi fusta!


Sumi:  Ok. Te estoy bajando tus calzones sudados y te froto tu duro aparato… ¿Estás seguro que eres Amo?


CyberMaster:  ¡Diosss! -Estoy gritando como una mujer-.  ¡Tus manos están frías!  Siiiiiiii! Eso creo. Mira mi nick.


Sumi:  Me estoy levantando mi minifalda. Me quito los panties.


CyberMaster:  Te estoy quitando los panties. Mi lengua se mueve por todos lados, y te estoy mordiendo. hummmmm… espera un minuto.


Sumi:  Qué pasa?


CyberMaster:  Tengo un pelo púbico en mi garganta.


Sumi:  Estás bien?


CyberMaster:  -Tengo de nuevo un acceso de tos y me estoy poniendo rojo- Espera… He vuelto a perder mi fusta.


Sumi:  Te ayudo en algo?


CyberMaster:  -Corro a la cocina, tosiendo como un descosido.  Me agarro torpemente a los estantes, buscando un vaso-.  ¿Dónde guardas tus vasos?


Sumi:  En el estante a la derecha del fregadero


CyberMaster:  -Bebo un vaso de agua- ¡Ya estoy mejor!


Sumi:  Vuelve conmigo, cariño.  Me siento realmente sumisa.


CyberMaster:  Estoy lavando el vaso.


Sumi:  Estoy en la cama retorciéndome por tí.  Y he encontrado tu fusta y las esposas.


CyberMaster:  Estoy secando el vaso. Lo devuelvo al estante y enseguida vuelvo al dormitorio.  Espera, está oscuro, me he perdido. ¿Dónde está el dormitorio?  ¿Dónde están las esposas?


Sumi:  La última puerta a la izquierda al final del hall.


CyberMaster:  ¡Ah, sí!, he encontrado el dormitorio. Pero, ¿qué esposas?, yo no había traído esposas.

Sumi:  Estoy tirando de tus calzones. Estoy gimiendo. Te deseo tanto. He encontrado las esposas que tanto querías.


CyberMaster:  Yo también pero.. ¡no las traje!… sólo traje una fusta.


Sumi:  Te he quitado los calzones. Te beso apasionadamente mientras nuestros cuerpos desnudos se juntan y se tocan -Olvídate de las malditas esposas-


CyberMaster:  Tu cara está presionando mis gafas contra mi cara.  Duele.  Te estoy pegando con mi fusta para que te apartes de mí.


Sumi:  Querido. -¿Por qué no te quitas las gafas?- ¡Oh!, me gusta eso... ¡Síii, síii!... ¡Pégame otra vez y usa las esposas!.


CyberMaster:  Ok, pero no puedo ver muy bien sin ellas, las colocaré en la mesita de noche cerca de las esposas.  ¡Ah, miralas!, ¡así que estaban aquí!.


Sumi:  Me inclino sobre la cama. ¡Dámela, baby!. ¡Déjame sentir tu polla! 


CyberMaster:  Espera, antes tengo que orinar. -Tropiezo con todo para llegar al baño.  Tropiezo con la fusta y dejo caer las esposas-.


Sumi:  Date prisa, amorrrr... No resisto másss…


CyberMaster:  Encontré el baño y está oscuro.  Busco el water y levanto la tapa.


Sumi:  Espero ardientemente tu regreso.


CyberMaster:  Ya lo he hecho.  Busco el tirador de la cisterna pero no lo encuentro. ¡Oh, no!


Sumi:  ¿Qué pasa ahora?


CyberMaster:  Me he dado cuenta de que me he meado en tu cesta de ropa sucia.  Lo siento de nuevo.  Vuelvo al dormitorio, completamente a oscuras.


Sumi:  Mmmmm, sí. Ven 


CyberMaster:  ¡Ay!


Sumi:  ¿Ahora qué?


CyberMaster:  He encontrado la fusta. Me he roto un dedo del pie.


Sumi:  ¡Ven conmigo y hazme tuya! ¡estoy a mil!


CyberMaster:  Ok, ahora voy a meter mi... ya sabes... cosa… en tu… ya sabes… en tu cosa.


Sumi:  ¡Sí! ¡Hazlo baby! ¡Hazlo!


CyberMaster:  Te toco tu suave culo. Beso tu cuello. Huuummmmmm, estoy teniendo un pequeño problema aquí.. abajo.


Sumi:  Muevo mi culo adelante y atrás, gimiendo. ¡No puedo aguantar ni un minuto más! ¡Métemela! ¡Destrózame!


CyberMaster:  No puedo… Estoy flácido.


Sumi:  ¿Qué?


CyberMaster:  Que estoy flojo. No puedo mantener la erección


Sumi: Me levanto y doy vueltas; con cara incrédula.


CyberMaster:  -Me encojo de hombros acongojado- ¡Voy a ponerme las gafas para ver qué va mal!, ¿vale?


Sumi: No importa. Me estoy vistiendo.  Me pongo mi ropa interior.  Y ahora me pongo mi blusa mojada, rota y asquerosa.


CyberMaster:  ¡No espera! –Ahora, bizco, intento encontrar la mesita de noche. Busco por el tocador, golpeando botes de spray para el pelo, marcos de fotos y tus velas-.


Sumi:  Me estoy abrochando mi blusa. Y ahora me pongo los zapatos.


CyberMaster:  ¡He encontrado mis gafas! -me las estoy poniendo y por fin veo bien-… ¡Por Dios! ¡Una de tus velas ha caído en la cortina!. ¡La cortina está ardiendo! -La estoy señalando, tengo la cara desencajada, y me pongo a golpearla con mi fusta-.


Sumi:  ¡Vete al infierno!. Voy a cortar,¡Jilipollas!


CyberMaster:  ¡Ahora es la alfombra la está ardiendo!...¡Oh noooooo!


Sumi:  <se ha desconectado>


(Por favor, tenga en cuenta que sólo es un giño "humorístico", y no está inspirado en nadie


viernes, 26 de septiembre de 2014

Dulce tortura



 Y así, postrada a tus pies, entregada,
espero una orden, un castigo, una caricia, una mirada... ¡Cualquier gesto tuyo!...
¡Pero que sea ya!... Algo que me guíe sobre qué hacer para complacerte.
 
 
Sin luz... Sin voz... sin quejas ni suplicas posibles... gemidos ahogados
que dicen más allá de lo inteligible, me dejo llevar por ti, confiada y entregada.
 
 
 Mi inmovilizado cuerpo, anda deseoso y ansioso,
casi desesperado porque tus manos me toquen y tomen lo que es tuyo.
Tuyos son mi cuerpo y mi mente porque nada me pertenece, salvo mi dolor...
Dolor mío que dosificas y tomas a tu antojo para hacer de él tu placer.
 
 
Así, atada por ti, limitado mi cuerpo, haces volar mi mente en un viaje donde me siento realmente libre... Y libremente deseo y elijo pertenecerte.

 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

TERCERA SESION

                           "Tercera sesión"  (Autor: Lupercus Eyre o Hulk_)


No podía marcharme… notaba una fuerza que me lo impedía y que resultaba totalmente desconocida para mí.  El sentir que pertenecía a otra persona me había hecho libre de mis fantasmas y miedos anteriores, y a la vez me había atado inexorablemente a un futuro y a una forma de vida que, además de llenarme, me permite ser totalmente consciente de lo que soy y disfrutar plenamente de ello.
Mientras bajaba las escaleras, en dirección al andén del tren que me llevaría de regreso a casa, podía sentir cómo la correa tiraba de mi cuello y me invitaba a quedarme allí para servirle y amarle.  Súbitamente me llevé la mano hacia donde mis pensamientos me hacían sentir la presencia del collar de negro cuero que me había regalado y que, desde el momento en que Él me lo puso, permanecía inseparable rodeando estrechamente mi garganta… Y efectivamente seguía ahí, oculto bajo la lana de mi jersey de cuello de cisne que me permitía mantenerlo a salvo de miradas indiscretas que, a buen seguro, se habrían preguntado por el motivo de que pendiese de la negra correa esa tintineante argolla de acero pulido y brillante que yo, mientras repasaba ansiosa mis recuerdos, mantenía ahora presionada contra mí por mis dedos y que era la prueba de que no había sido un sueño… Por fin pude dejar de pensar por un instante en todo aquello y comencé a sentirme real entre la gente al subir al vagón que me correspondía en mi convoy.
Desde el asiento, una vez estuve acomodada, me sumergí rápidamente en la memoria de todo lo vivido esos días… Recordaba lo extraña e inesperadamente fácil que todo había sido desde el comienzo… Yo esperaba haberme puesto nerviosa, sentirme insegura, incluso desanimarme y quizá dar media vuelta e irme antes de llegar a la cita.  De hecho, semanas atrás, en el chat, Él me había advertido e instruido sobre el cómo recibir y autodominar las sensaciones de tensión, duda, nerviosismo que se sienten horas antes de la acordada sesión, durante el trayecto que te transporta hasta el lugar de la cita; constituyendo todas esas ya intensas sensaciones preliminares lo que Él denomina "la primera sesión", y que tan real es como la sesión para la que yo creía sentirme preparada pero también resultó tan inesperada que acrecentaba mis ansias al sentir que esta "primera" empujaba hacia un segundo escalón el deseado encuentro…  En cambio, sentada ahora a la espera del pitido que señalase la partida de mi tren de vuelta, todos esos recuerdos iniciales, junto con lo que sentí tan intensamente durante ese fin de semana se agolpaban en mi mente y afloraban conformando en mi rostro una tan amplia como complaciente sonrisa junto a un cúmulo de gratas sensaciones que Él ya predijo que sentiría durante mi camino de regreso y que definió como "la tercera sesión".  Primera, segunda y tercera sesiones que se entremezclaban y aparecían en mi mente como una única fantasía hecha realidad que hacía sentirme tan libre en mi mundo convencional como tan presa de Él en su mundo, ese mundo que ahora también empezaba a ser el mío a partir de haberme entregado sin reservas y con la extraña e imborrable sensación de haber sido todo muy fácil a su lado.
Recordaba lo claro que ambos lo habíamos tenido desde el principio, la confianza que me daban sus palabras mientras conveníamos la cita, la inusual rapidez con que me había convencido aquel hombre al que no conocía de nada pero que, a medida que hablábamos en el chat, era como si le conociera de toda la vida… Y fácil y simple fue el cómo al ver el coche con el que me recogería, y que me había descrito por teléfono unos minutos antes, no dudé ni un momento y abrí primero el maletero para meter mi equipaje sin ni siquiera haberle visto aún su rostro, y seguidamente me dirigí totalmente confiada hacia la puerta del lado opuesto al conductor para abrirla como sólo se abre la del propio hogar, sin pensar que detrás haya ningún tipo de peligro… y me senté con un simple  - ¡hola! -  al que siguieron dos besos de amistoso saludo como única presentación.  De camino a su casa, enseguida y sin ningún esfuerzo ni rebuscamiento, encontramos varios temas de amena conversación que, curiosamente, nada tenían que ver con la cuestión para la que nos habíamos citado, y a medida que encadenábamos temas e íbamos comprobando que compartíamos gustos y
opiniones, no dejaba de sorprenderme que todo seguía siendo extrañamente fluido y sencillo ya frente a Él.
Al llegar a su piso fue cuando comencé a cobrar verdadera consciencia de dónde me había metido realmente y los nervios, hasta ese momento contenidos, dominados o disimulados, ahora se abrían paso a borbotones agolpándose en la punta de mis extremidades, las cuales parecían querer comenzar a temblar al contemplar, tras abrirse la puerta de acceso, varios collares de cuero colgados del perchero del vestíbulo…
  – ¡Elige el que prefieras y póntelo! – …me señaló Él con voz firme aunque con tono amable y sin desdibujar de su rostro la sonrisa serena que desde el principio me había regalado y que le otorgaba un aire de hombre educado y racional que me había ayudado a mantenerle la confianza. 
Quizá esa confianza ganada por la palabra no me hizo salir corriendo sino que traspasé el umbral de la puerta sabiendo que, una vez dentro, Él me iba a hacer sentir más cómoda.  Ver todos aquellos collares y, de improviso nada más llegar, tener que elegir yo misma el que me iba a subyugar y convertir en su sumisa, he de reconocer que me produjo algo de bloqueo mental y físico, y eso que iba preparada para ser sometida y que me sentía realmente decidida a ello, pero… ¿tres días seguidos?... ¡Ufff!, ¡quizás no lo había pensado bien!, aunque hacía tiempo que lo deseaba.  Sabía que muy posiblemente me asaltarían las dudas y que iba a sentir temor, e incluso miedo ante situaciones desconocidas o inesperadas como la de la visión de los collares, pero también que disfrutaría de ello, y ya ese solo pensamiento de goce y disfrute me hizo tranquilizarme un poco.  Seguidamente, y sin darme apenas tiempo, ni a que me hiciese con el nuevo entorno en el que iba a pasar ese largo fin de semana ni a que acomodase mi equipaje en habitación alguna, me preguntó si tenía sed –la verdad es que me sentía la boca seca tras el viaje y ese primer sobresalto– y, al tiempo que me traía de la cocina un refresco de cola, me invitó a que me sentase en el sofá…
  – ¿Qué tal te sientes? –… me preguntó con delicadeza y continuó… – Quiero que me digas con total libertad y sinceridad si, llegados a este punto, estás decidida a continuar.  No me gusta que me dejen las cosas a medias una vez comenzadas, y ahora estamos a tiempo de no dar inicio a nada para lo que no te sientas preparada o dispuesta a terminar.
Yo, en ese justo momento, deseé que Él recordase aquellas escuetas y directas frases que le dije el primer día que nos conocimos en el chat cuando, entre bromas y verdades, al verle con la arroba de OPeador del canal que le confería una cierta importancia en él, le abrí el privado y escribí en su pantalla: "¿Dónde puedo encontrar a un hombre en condiciones?... Busco un hombre que me use sabiendo tratarme con respeto y con mimos cuando él lo considere oportuno, pero que sobretodo sepa maltratarme cuando así lo considere oportuno". Me sentí urgida a expresarme para que no tuviese dudas sobre mí y mis intenciones de entrega…
  – Sí, me siento bien y quiero empezar para llegar hasta el final.  Es lo que he venido a buscar y quiero hacerlo contigo. 
El oírme decir esas palabras y el comprobar que él no perdía su agradable sonrisa me devolvió buena parte de la tranquilidad y la confianza de que disfruté durante el trayecto hacia su vivienda… Seguidamente conversamos un buen rato mientras yo apuraba el refresco de cola, dando un repaso a las bases del acuerdo pactado previamente y entonces me señaló desde el sofá, sin levantarse, la habitación en la que podía dejar mis pertenencias y que, enseguida, quise imaginar que sería en la que ambos pasaríamos la mayor parte del fin de semana… Cogí mi maleta y, al entrar, intenté disimuladamente localizar e identificar rápidamente sobre paredes o techo elementos como ganchos, poleas u otros utensilios que, en esos momentos, mi acelerada y desbordante imaginación querían ansiosamente descubrir… No aprecié nada extraño a primera vista.  Horas más tarde comprendí que quizá mi inadvertido nerviosismo me impidió ver dichos elementos que, aunque no siendo evidentes, no cabía duda de que allí habían estado siempre esperándome agazapados y en silencio.
Al salir de la habitación, en nuestro primer acercamiento me pidió de improviso que me desnudara; y sentí vergüenza inicial, pero lo hice sin mostrar ningún recato e intentando exhibirme dispuesta y entregada…
  – ¡He venido para ser suya! ¿o no? – …pensé.
Sin haberme dado cuenta de dónde había sacado todo aquello contemplé, en la mesa sobre la que momentos antes había depositado mi vaso de refresco, que ahora estaba repleta de cajas de cartón, con ropa y prendas de cuero de aspecto reluciente que denotaban un meticuloso mantenimiento y cuidado.  Abrió una caja plana y de buen tamaño de la que sacó unas botas preciosas, de cuero negro con caña por encima de las rodillas y con un taconazo de vértigo que pensé que me resultaría difícil caminar y mantener el equilibrio con ellas aunque, al mismo tiempo, al ver algunas correas y cuerdas que asomaban de un cesto que había depositado en el suelo junto al sofá, me vino la idea de que muy posiblemente no tendría muchas ocasiones de caminar.  Esa visión y esa idea asociadas me provocaron que me sintiese mojada súbitamente. 
  – Ten, póntelas, son de tu talla – … y extendió sus manos ofreciéndomelas cogidas por el borde superior dejándolas pender majestuosamente ante mis ojos en toda su extensión vertical, al parecer atraídas hacia el suelo por efecto de la gravedad, como agarradas invisiblemente por el fino y largo tacón de aguja.
Mientras terminaba de acomodar mi pie en el hueco de la última bota y me subía la cremallera que la cerraba ajustándola como un guante a mi pantorrilla, percibí que, de otro envoltorio cuidadosamente empaquetado, sacó y desplegó lo que enseguida comprendí que eran las piezas y cordajes de un corsé, de cuero negro reluciente como las botas. Tenía clara la imagen de ellos ya puestos, tersos y ajustados, afinando las estrechas cinturas de avispa que las modelos exhibían en fotos, pero nunca antes había visto uno sin poner y me costó unos segundos reconocer uno de ellos ante mis expectantes ojos, así, desmembrado en sus piezas semiplanas que no adquieren la peculiar y elegante silueta hasta ser ceñidas a la anatomía femenina… y, sobre todo, nunca antes había tenido uno en mis manos como tampoco había imaginado el considerable peso que aportan la gran cantidad de masa de cuero que hay en las flexibles pero gruesas piezas cosidas a mano, junto con las ballenas, corchetes de acero para cierre delantero y ojales metálicos traseros para el paso y tensado de los cordones de ajuste… Me hizo levantarme y me envolvió el torso con sus firmes brazos para ponérmelo y ceñírmelo bien ajustado.
Tras apretar los cordones del corsé y darle los últimos toques, me entregó unos hermosísimos guantes de fino cuero, a juego con el resto del vestuario, cuya longitud sobrepasaba el codo, por lo que Él me ayudó a embutir mis brazos en ellos y a subirlos hasta la posición adecuada… Mientras Él se esmeraba en estirar la negrura de la fina napa, le miré un instante… y la expresión de su rostro relucía tanto como la piel de mi atuendo, lo que interpreté como que se sentía satisfecho y que disfrutaba con su "creación"… Y de inmediato me indicó la posición de un espejo vertical de cuerpo completo que había en una de las paredes del distribuidor situado abierto hacia el salón donde nos encontrábamos y frente a la puerta de la que iba a ser nuestra habitación durante esos días.  Cuando me vi así reflejada en el espejo me encantó la imagen que vi de mí…
Tanto me deleitaba con aquella sensación visual y tan ensimismada permanecía contemplándome que no me di cuenta que, en realidad, aquellas vestimentas de espléndido y reluciente cuero negro eran la "piel de cordero" con la que, como ardid sibilino, Él me había disfrazado como cebo para así alentar el hambre de un animal depredador que se acercaba sigilosamente para atacarme sin yo percatarme de lo que me sobrevenía.  Ahí fue la primera vez que lo vi como verdadero dominante… ¡Qué sensación!, todavía se me pone la piel de gallina al recordar lo real que en verdad es todo esto y que, hasta ese momento, yo sólo había logrado apenas fantasear con la lectura de algún relato.
Se acercó a mí por detrás hasta pegarse a mi espalda... Yo pensé descuidadamente que venía solamente a verse conmigo ante el espejo… De hecho me relajé gustosamente cuando comenzó a
rozar mi cuello con sus labios… Pero ya era tarde para reaccionar cuando, al bajar levemente mi cabeza y cuando entornaba mis ojos placenteramente, mis retinas se deslumbraron por un destello metálico que, reflejado en el espejo, procedía del objeto que portaba una de sus manos tras de mí… Sin apenas darme cuenta me había esposado con las manos a la espalda y, en lo que me parecieron décimas de segundo, me estaba terminando de colocar una mordaza inflable, de esas de las que pende una pera de goma y que seguidamente hacía pasar, como camino ya conocido, por el orificio bucal de la máscara de cuero que también con habilidad y rapidez inusitadas me estaba ajustando a mi cabeza… Todo sucedió mientras yo quedaba como paralizada… No podía hacer nada sino confiar en Él, aunque los latidos de mi corazón los sentía acelerados y resonaban en mi garganta taponada por el volumen que el aire de la mordaza había hecho que ésta ocupase toda mi cavidad bucal sin poder emitir el más mínimo sonido.  También noté que mi sentido auditivo había quedado muy mermado por la máscara que envolvía mi cabeza…
Sólo podía ver, y lo que vi hizo acelerar mi ritmo cardíaco, cuando me giró bruscamente y a punto estuve de desestabilizarme desde la altura de mis tacones… Él se había colocado unos guantes de cuero y con gesto ahora serio y como concentrado en calcular algo, se disponía a colocarme una correa asida a la argolla metálica de mi collar mientras mantenía en la otra mano una fusta revestida de cuero marrón que se me presentaba amenazante por más que yo misma le había hablado anteriormente de que me excitaba mucho el pensar en que usase ese instrumento conmigo… Sin hablarme me hizo avanzar hacia la entrada a nuestra habitación dando un brusco tirón de la correa que unía su firme mano al collar de mi cuello… Ese físico y liviano nexo de unión me hacía sentir en sus manos, a su antojo, pero también me hacía sentir que le pertenecía, que era totalmente suya no sólo en cuerpo sino también en espíritu… Ansiosa y nerviosa por lo desconocido que sobrevendría pero al tiempo entregada, deseosa y confiada… Y me sorprendí a mí misma al notarme extrañamente excitada y claramente mojada… Estaba experimentando una extraña pero intensa mezcla de sentimientos contrapuestos indescriptible.
  – ¡Súbete a la cama y ponte de rodillas!… ¡Apoya la cabeza y el pecho sobre el colchón y mantén el culo alto y hacia el borde de la cama! – … me ordenó notándole ahora más firmeza en sus palabras.
Oía un ajetrear de cajones, cajas y bolsas… Y de pronto, junto a mi cara, que permanecía medio aplastada por mi peso contra el colchón y sin poder usar mis manos que mantenía esposadas a la espalda, Él arrojó y esparció algunos objetos que rápido comprendí usaría conmigo… unas pinzas metálicas para pezones que me sobrecogieron, un dildo anal, un vibrador de látex transparente con forma de pene de enorme tamaño que puse en duda el que me pudiera entrar… Y cuando más distraída estaba alcanzando a ver, con la dificultad de la postura, los objetos que había ido depositado sobre la cama, me sobrevino un estallido de escozor y dolor mezclados que continuó recorriéndome todo el cuerpo por bastantes segundos cuando ya el sonido seco del impacto de la fusta sobre mis nalgas se había apagado, y había hecho que dirigiera mis encendidos ojos hacia donde suponía que Él se encontraba…
  – No deberías haber dejado tu ropa sobre el sofá, y menos aún arrugada y sin ordenar… ¡Espero que no trates igual a la ropa que llevas puesta, o tendré que enseñarte por métodos que quizá no te agraden! – … dijo mientras yo permanecía algo confusa al entender la motivación del fustazo recibido, y añadió…
  – ¡Como tampoco debes levantar tu vista por encima de mi cintura!, ¿entendido? – … pronunció firmemente sin esperar respuesta, mientras deslizó la punta de la fusta por la escocida piel de mis nalgas… y me propinó otro fustazo que, junto con los que siguieron aquella tarde y los días siguientes, me produjeron algunas marcas que, aún hoy, ya de regreso a casa, y con mi trasero aplastado contra el asiento de mi vagón, noto y recuerdo con una enorme sonrisa mezcla de placer y gratitud que no se borra de la expresión luminosa de mi rostro.
Aquella noche dormí junto a él, desnuda en la cama, y esposada de tobillos y muñecas.  Los días siguientes se sucedieron en un sinfín de sensaciones placenteras como nunca antes había imaginado.  Pero la confianza ganada hacía que ya nada fuese suficiente… Incluso me fotografió (cosa antes impensable el que yo hubiera permitido a alguien tal cosa) en diversas ocasiones y posturas en las que yo sólo podía entregarme a Él sin más pensamientos precautorios.  Vi sus ojos brillar como el acero pulido de aquel gancho de la polea que, oculta tras de una viga del techo, hacía suspender en el aire una barra a cuyos extremos me ató las muñecas, forzándome también a mantener las piernas abiertas al estirarme de las tobilleras que encordó tensamente a unas argollas camufladas en sendas paredes opuestas del dormitorio donde anteriormente no había encontrado nada aquella primera vez que entré.  Me cegó y anuló todos mis sentidos, y me dejó a la espera por varios minutos, tiempo durante el que todo mi cuerpo permaneció en estado de alerta, en tensión absoluta, por no percibir ni lograr adivinar su localización ni sus acciones… pero no obstante me sentía totalmente segura en sus manos…  Tenía una bonita colección de fustas, varas y hasta un látigo largo que más tarde probó conmigo.  Realmente Él hizo todo lo que quiso conmigo, y que no era otra cosa sino lo que yo justamente también deseaba y esperaba…
Durante aquellos tres días, que me parecieron sólo tres horas, pude percibirle como si sus sensaciones fueran las mías; vi el cómo disfrutaba aquel implacable hombre, al que ya sentía como pleno Dueño de mi cuerpo y de mi mente, mirándome, observándome, analizando mis respuestas a sus interrogatorios, mis gestos, mi dolor, mi placer,  planificando cada una de sus acciones sin yo poder adivinar ni adelantar qué nueva situación me tenía preparada después de la anterior… Él era realmente imprevisible y eso me hacía disfrutar aún más a cada paso, con cada nueva circunstancia.  Había logrado que yo me desinhibiese por completo en un entorno que se me antojaba cada vez más morboso, excitante e intenso.  Y tan intenso era todo lo que mis sentidos y mi cuerpo percibían que cuando en ocasiones dejé de tener algún sentido o miembro liberado para seguir percibiendo, me invadió la ansiedad en algún instante en que yo me vi arrebatada de disponer de todo el dominio de mi cuerpo para sentir.  Él conocía y adivinaba, como un brujo, todas mis sensaciones extremas y situaciones límite, y se porto más que bien en esos instantes azarosos para mí.
La verdad es que, en el fondo, todo había sido tranquilo y relajado a pesar de la intensidad.  Sólo tuve miedo una vez y fue cuando, al verme esposada colgada de las muñecas y amordazada, sacó un montón de herramientas tales como destornilladores, tenazas, alicates, un martillo y algún clavo que fue poniendo a los pies de mis inmovilizadas botas… Ahí, por un instante, sí pensé que quizás me había ido a meter donde no debía; pero preferí no decir nada (aunque ahora me sorprendo a mi misma sonriendo al pensar que, físicamente, no podría haberlo hecho por la mordaza)... Por fin me tranquilizó cuando comprendí que esos objetos eran un mero decorado para algunas fotos más.  Sufrí mientras sacaba y usaba el látigo largo y me enseñó a adaptar mi mente para que, cuando no sepa lo que va a pasar, me relaje y disfrute. ¡Eso hago ahora cuando estoy con Él, y me encanta!
El tiempo pasó inexorable, y Él me tendría allí, completamente suya y entregada, sólo hasta la tarde del domingo… Pero me disfrutó sin prisa, se podría decir que saboreó cada uno de mis movimientos, gestos y sonidos hasta el último minuto en que nos despedimos dejándome en la estación para tomar mi tren de regreso.  Ahora, entre los recuerdos de mi "tercera sesión", mientras regreso a casa, me gusta pensar que también sufría conmigo en ocasiones, porque yo notaba que también amaba… Aún apenas me he separado de Él, hace poco más de una hora, ¡y ya le extraño y le ansío tanto!...
Él supo alternar con maestría justo lo que yo le expresé que buscaba cuando le escribí al conocerle mi ya famosa frase en el chat: "…un hombre que sepa usarme respetándome, mimándome, pero sobretodo que también sepa maltratarme…". Es muy hermoso el poder estar con una persona sin ningún tipo de mascara, sin tener que fingir nada, ayudándome a sacar de mi el animal oscuro que llevo dentro, pero también el ver una película estando a sus pies con su collar tensado por la correa asida a su mano, escuchar y aprender con cada una de sus palabras. Nunca había disfrutado tanto
de estas pequeñas cosas, pero el hacerlo para otro es realmente gratificante… recoger y limpiar la vajilla con la que hemos compartido alimento, doblar y ordenar su ropa, "gozar sufriendo" los juegos, los castigos… todo es alegre si lo haces por alguien que lo merece y lo disfruta contigo haciéndote sentir que le importas, que a pesar de las duras y frías apariencias externas de este tipo de relación, te atiende, se ocupa y se preocupa de ti, te mima, te hace gozar bajándote al infierno y subiéndote al cielo en un mismo instante… Ahora que lo tengo a varios centenares de kilómetros de distancia es cuando lo percibo más intensamente como Mi Dueño.
El viaje de regreso transcurrió muy rápido… o eso me pareció, porque no había hecho nada más que acomodarme en mis pensamientos de lo que constituía aquella "tercera sesión", la de las marcas y recuerdos que mi cuerpo y mi mente transportaban y conservaban, como cofres que guardan tesoros, para mi particular deleite, cuando tuve que enfrentarme con la realidad… y me percaté de que había llegado a la estación de destino… mucha gente, mucho ruido, colas y esperas.  E Igualito que cuando salí con Mi Dueño y con el collar puesto, como una de las noches por el centro de su ciudad, me sentí asaltada por el temor a que el gesto complacido y ensimismado de mi rostro delatara ahora mis alborotados pensamientos como si los llevase expuestos y grabados en la frente, al igual que permanecían las marcas de la fusta en mis nalgas… Pero el miedo al "qué pensarán", ahora, ya no me importaba nada, mis miedos de antaño habían desaparecido y ahora sólo siento y deseo que todo el mundo lo sepa para poder ser yo misma.
Cuando cogí el bus, desde la estación hasta mi casa, me senté en el último asiento, quería seguir disfrutando lo poco que quedaba de ese fin de semana tan especial para mí, y quería hacerlo sin la molestia de que alguien pueda mirarme… Y no por temor, sino por egoísmo… Quería todas mis sensaciones para mí sola y estaba segura de que mis caras seguirían siendo un poema mientras recordaba como gemía y como gritaba mientras se me permitía tener orgasmos y podía ver a hurtadillas la cara de satisfacción de Mi Dueño mientras los vecinos supongo que se enteraban de todo… Realmente no sé cuantos orgasmos tuve, ellos iban y venían sin ningún control por mi parte… pero recuerdo sentirme totalmente liberada, el peso que antes había sobre mí se marcho y no ha vuelto. ¡Gritar!, gritar por y para otro, y no poder ni querer hacer nada para evitarlo… ¡es muy muy hermoso!
Estoy llegando a casa… Introduzco la llave en la cerradura, abro la puerta y, al tiempo que enciendo la luz del vestíbulo, me aborda una conclusión con la misma claridad cegadora que emite la bombilla: La parte oscura de mi ser, ¡cómo no!, se encuentra dentro de mí, sigue ahí… pero ya no me asusta.  Lo aprendí junto a Él cuando sentí por primera vez el placer y el éxtasis que se siente al confiar en Él, al pertenecerle y al entregarme a sentir por y para Él… Y ya, ¡ningún temor!, ¡ni una decisión propia más!, solo felicidad y realidad… Aquella mi primera noche con Él dormí esposada y, ahora que estoy lejos de Él, me siento aún más esposada a Él, y así deseo permanecer… hasta que  Él  me lo permita.

viernes, 6 de junio de 2014

Sólo en sueños...


Sólo en sueños, 
sólo en el otro mundo del sueño te consigo, 
a ciertas horas, cuando cierro puertas 
detrás de mí. 
¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, 
y ahora estoy preso en su sortilegio, 
atrapado en su red! 
¡Con qué morboso deleite te introduzco 
en la casa abandonada, y te amo mil veces 
de la misma manera distinta! 
Esos sitios que tú y yo conocemos 
nos esperan todas las noches 
como una vieja cama 
y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen. 
Me gusta decirte lo de siempre 
y mis manos adoran tu pelo 
y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre. 
Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo, 
y con mi mano en tu boca, te busco y te busco. 
A veces lo recuerdo. A veces 
sólo el cuerpo cansado me lo dice. 
Al duro amanecer estás desvaneciéndote 
y entre mis brazos sólo queda tu sombra.


Jaime Sabines.


jueves, 5 de junio de 2014

Cuento para rocio-G-


Había una vez un país muy lejano lleno de sol y sal, con lindos atardeceres y preciosas puesta de sol por el poniente donde se encontraba el país del viento, este estaba en medio una gran bahía con abundante fauna marina que hacia las delicias de los aldeanos del Cabo. Y allí reinaba un rey justo y muy querido por todos, pero a pesar de tener un paisaje envidiable una reina noble y generosa que cuidaba de su pueblo, de los niños, los enfermos y los desamparados. 

A  pesar de todo, los aldeanos y los propios reyes estaban tristes, pues por las mañanas las hojas de las plantas y los árboles no aparecían con esas gotitas minúsculas que parecen perlas de fina plata, esto preocupaba mucho al rey, pues a pesar de todos sus esfuerzos, no ocurría nada, consultaron con muchos sabios y eruditos de todas partes, y nadie les daba una respuesta y mucho menos como solucionar el problema, El Cabo estaba triste.  Y así pasaron algunos años, un buen día apareció una hada con un lindo vestido  y un sobre en una mano, pidió audiencia con los reyes, estos se la concedieron como hacían con todo el mudo que quería hablar con ellos, se enteraron de su plato favorito y como era la hora del desayuno le prepararon tostadas de sobrasada y zumo de piña, cosa que alagó mucho a la Hada, que ya les conto que la enviaba la Reina de Las Marisma, para que les entregara el sobre que llevaba en la mano, advirtiéndole, que solo lo podrían abrir el día que tuviesen un vástago, y dicho esto la hada se toco con su varita mágica y despareció entre muchas estrellitas, como si fuesen fuegos artificiales de variados y lindos colores.

Los reyes no terminaban de entender nada pues tampoco tenían pensado tener descendencia eran muy jóvenes y querían dedicarse a su reino, así transcurrieron algunos años más, hasta que la reina se quedo embarazada, todo era alegría  por la buena nueva, pasaron nueve lunas y una noche la reina alumbró a una preciosa niña ; se acordaron del sobre, el rey lo abrió y en el se leía:

"Soy la Reina de las Marismas; soy la Blanca Paloma: Se que habéis tenido una niña que se llamará Rocío y con las primera luces del día os asomareis al balcón de palacio".

Y así lo hicieron en ese momento todas las plantas del reino, todas las flores, todos los árboles estaban cubiertos por esas gotitas de agua que parecen perlas de fina plata.

Los reyes ya no podían estar más contentos ni el pueblo más feliz, había nacido una princesita; la princesita de los cuentos de hadas, la princesita del Cabo.

Pero la Blanca Paloma les hizo un regalo más y no fue otro que la princesita naciese unos días antes de la romería que se celebra en su honor todos los años hasta estas fechas. El “Rocío”.

Que desde ese momento seria el día de su Santo.

Y colorín colorado, ¡¡¡ princesita !!!, este cuento se ha ………..;  y yo que estaba allí me sentí más feliz que una ……...; “Feliz Cumple”.

MasterAlmeria

Cumple rocio-G-

LadyDiamante:


amanecer85:

rocio-G- muxaas felicidadees!!! 
Espero q disfrute d tu día 
y q lo pases genial. 
No te conozco muxo, 
pero lo poco q t conozco m caes bien, 
no cambies niña. 
Bss

rebeka71:


El corazón que ama siempre será joven. 
Te deseo un año lleno de amor y alegría. 
Feliz cumpleaños. 
Un besazo.
_gatarebelde:



Muchísimas felicidades, nena! 
Espero que tengas un gran día 
y que disfrutes de toda la gente que te rodea y te quiere. 
Muchísimos besos y espero que este año sea mejor 
que el anterior pero menos que el próximo. 

Mastersur:


Feliz cumpleaños rocio-G-.
Que tengas un MARAVILLOSO día,
con muchos regalos, que para nosotros,
el mejor regalo será seguir contando con tu presencia y simpatía.
Un afectuoso abrazo para ti y para el afortunado Señor G.

gatitadevidasgastadas:


¡¡¡ Felicidades rocio-G- !!!

pintona:

rocio muchas felicidades!!!
que en este día tan especial
te rodees de los que más te quieren
y que tengas muchos regalitos que te lo mereces

moon:


Jijiji... Tu Amo va querer matarme :P

Muchísimas felicidades preciosa,
pásalo genial y disfruta de tu cumple...
Espero disfrutar de tu compañía,
muchísimo tiempo... muaaacks! :)

Sigfred:

Muchas felicidades rocio-G-, 
espero que hoy recibas los regalos que mereces 
por todo lo que vas sembrando y dando. 
Sigue siendo igual de encantadora 
y ese soplo de aire fresco que gusta sentir
 cada mañana al abrir la ventana. 
Con cariño, 
Sigfred.

anthia:


Hay veces que las palabras se quedan cortas 
para decir mil cosas que sólo un abrazo, 
¡de los gordos!, sabe decir. 

Gracias, ¡¡infinitas!!, por tu cariño y tu amistad. 
Por compartir esa alegría y esa dulzura tan tuyas. 

Te deseo un día maravilloso 
y un año, no lleno, 
sino rebosante de toda la felicidad que mereces…  

Feliz cumple, princesita!!!


miércoles, 4 de junio de 2014

raquel del LXXVI al LXXX


LXXVI

No soy capaz de explicar qué me pasa
y te hago sentir mal.
¡Me duele tanto no estar contigo!
No he sentido que me faltara nada contigo,
no es eso.
Pero estoy muy nerviosa.
Me cuesta fingir. Este fin de semana
tendrá mucho de eso.
No quiero que me toque
nadie que no seas tú.
Me duele. Te deseo,
pero no debo estar así.
Por favor, perdóname una vez más,
no dejes de quererme.
Nadie me ha dado tanto
y a cambio de tan poco.


LXXVII

No va a tenerme.
Ya no soy suya.
Tal vez buscaba
que me lo recordaras.


LXXVIII

Tendré paciencia.
Le ayudaré en todo.
Si necesita de mí, yo estaré.
Pero no haré nada que duela.
Mi corazón no podrá soportarlo.
No me domina un hombre,
sino su corazón.


LXXIX

Si te hiciera feliz que me acostara
con alguien, sí lo haría.


LXXX

Dormí bien. Gracias.
Estoy con ganas
de aprovechar la tarde.
Pondré alguna excusa
para salir y ver a los amigos.
Les hablaré de ti.



Aklan.

martes, 3 de junio de 2014

Me dueles...


Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
Nada queda de mí después de este amor. 

Entre los escombros de mi alma, búscame, 
escúchame. 
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

Atravesando muros, atmósferas, edades, 
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) 
viene desde la muerte, desde antes 
del primer día que despertara al mundo. 

¡Qué claridad de rostro, qué ternura 
de luz ensimismada, 
qué dibujo de miel sobre hojas de agua! 

Amo tus ojos, Amo, amo tus ojos. 
Soy como el hijo de tus ojos, 
como una gota de tus ojos soy. 
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, 
del suelo, de la sombra que pisas, 
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. 
Levántame. Porque he caído de tus manos 
y quiero vivir, vivir, vivir.



Jaime Sabines.

lunes, 2 de junio de 2014

Puedo ser tu puta...



Soy la chica que has estado pensando en
Lo único que no puedes vivir sin
Soy la chica que has estado esperando
Te tendré abajo de rodillas
Voy a tenerte rogando por más
Probablemente pensabas que no te esta lejos
¿Pensaste que terminaría en la parte trasera de un coche
Pensaste que nunca había fuga
Sería una rata en una jaula, volvería a ser esclavo a este lugar
No sabes cuánto he luchado para sobrevivir
Despertar solo cuando me dejaron morir
No sabes nada de esta vida que he llevado
Todos estos caminos he caminado, todas estas lágrimas he sangrado

Entonces, ¿cómo puede ser esto?
Rezas a mí
Hay una mirada en tus ojos
Sé lo que eso significa
Puedo ser, puedo ser todo lo tuyo

Puedo ser tu puta
Yo soy la suciedad que ha creado
Soy el pecador, soy tu puta
Pero déjame decirte algo, nena
Me amas por todo lo que me odias

Yo soy el que usted necesita y miedo
Ahora que estás enganchado, es cada vez más claro todo
Que todos los juicios que depositado en
Era un reflejo del descubrimiento
Así, quizá la próxima vez cuando lanzas tus piedras
Desde las sombras de lo desconocido oscuro
Se te metes desde su escondite
Echa un vistazo en el espejo, ver la verdad en la cara

Entonces, ¿cómo puede ser esto?
Rezas a mí
Hay una mirada en tus ojos
Sé lo que eso significa
Puedo ser, puedo ser todo lo tuyo

Puedo ser tu puta
Yo soy la suciedad que ha creado
Soy el pecador, soy tu puta
Pero déjame decirte algo, nena
Me amas por todo lo que me odias

Yo soy la suciedad que ha creado
Soy el pecador, soy tu puta
Pero déjame decirte algo, nena
Tú me amas, me quieres, me necesitas

Puedo ser tu puta
Yo soy la suciedad que ha creado
Soy el pecador, soy tu puta
Pero déjame decirte algo, nena
Me amas por todo lo que me odias


Puedo ser tu puta
Puedo ser tu puta
Puedo ser tu puta
Pero déjame decirte algo, nena
Me amas por todo lo que me odias

Me amas por todo lo que me odias


Enkil69.

miércoles, 28 de mayo de 2014

El mejor comienzo

Llevaba tiempo esperando aquel día, aquel momento, era hora de dar el paso, ese paso que me convertiría  en la clase de mujer que quería ser.
Quedamos de mañana, bien temprano, había que aprovechar todo el día, llegue al lugar de la cita acordado y como siempre algo tarde, la puntualidad no es mi fuerte; nada mas llegar lo vi, estaba de pie sobre la baranda de la entrada. Baje de mi coche algo nerviosa y apurada , sabia que no tenia que hacerlo esperar, y me acerque a El...
    -" Buenos días Mi Amo" dije con algo de timidez,
 a lo que El respondió...
    - "Buenos días mi zorrita"
 Aquellas dos palabras me hacían pintar una sonrisa en mi boca, no podía evitar llenarme de una inmensa alegría por saber que era de El.
Pasamos un rato agradable mientras desayunamos, y conversábamos de diferentes temas, al acabar el desayuno, miro su reloj y  me dijo...
    -"Es la hora de irnos, espero que estés preparada"
Asentí con la cabeza y le pedí permiso para poder ir al baño antes de marchar, sabia que el me tenia preparado algo, pero no  de que se trataba, eso hacia que mi nerviosismo aumentara, nunca me había visto en aquella situación, y aunque era algo que deseaba con toda mi alma, por dentro estaba completamente asustada ante lo que desconocía.
Cuando salí del baño, ya estaba esperándome de nuevo, me esperaba frente la puerta, no pude evitar pensar, como me gusta ese hombre, su porte tan serio pero al mismo tiempo con esa mirada picarona y esa sonrisa que me tenia completamente encandilada. Fui hacia El y nos dispusimos a ir hacia el aparcamiento, entonces me dijo:
    -"Te vendrás conmigo en mi coche, no te preocupes, al finalizar te volveré a traer"
lo mire y respondí:
    -"si Mi Amo, como usted decida"
Abrió la puerta del copiloto y me indico a subiese, después subió El, entonces saco una venda de la guantera y me dijo:
    -"cierra los ojos y relájate, no quiero que veas donde vamos hasta que no lleguemos"


Uff aquello hizo que algo me subiera por el estomago, no habíamos hecho nada mas que empezar el día y ya empezaba con sus sorpresas.
Partimos hacia no sabia muy bien donde, durante el trayecto no hablo ni dijo absolutamente nada, cosa que no ayudaba a que me relajase; por fin llegamos al destino, no se oia nada solo el motor del coche, y por poco tiempo puesto que lo paro. Entonces me dijo:
    -"Hemos llegado. Pero aun no te quites la venda, espera a que te de la orden.¿ Entendido, zorrita?
    -"Si Mi Amo, entendido"
Bajo del coche, se dirigió hacia mi lado y abrió la puerta
    -"Dame la mano zorrita, y baja con cuidado, no quiero que te hagas daño"
Baje del coche ayudada por El, me retiro un par de pasos, cerro la puerta y dijo con voz firme y segura:
    -"Bien, zorrita, quítate la venda"
Cual fue mi sorpresa, al destapar mis ojos, y ver que estaba en medio de Dios sabe donde, solo se veían arboles y campo y mas campo, no le veía sentido de estar en medio de la nada, pero claro que yo no entendiese aquello, no quiere decir que para El no tuviese su significado o motivo. Después de unos segundos de impacto ante aquello y ver la sonrisa de Mi Amo en su rostro, comprendí que aquello  era el principio solamente. Lo mire tímidamente y con voz temblorosa pregunte:
    -"Amo, ¿que hacemos aquí, por que estamos en medio del campo?
    -"jajaja, zorrita, no preguntes y confía en mi"
    -"Si Amo"
Sabia que El llevaba razón, tenia que confiar en su jucio, además me estaba poniendo a prueba, quería comprobar si de verdad estaba dispuesta a ser la sumisa que el deseaba. Entonces volvió a sonar su voz:
    -"Escúchame bien zorrita, no te lo diré mas veces, solo una, quiero que te desnudes completamente. ¿Entendido?"
    -"Amo, pero ... ¿aquí?"
    -"¿Entendido?
no me dijo mas, me quedo claro lo que deseaba, y me miraba serio esperando la respuesta:
    -"Entendido, Mi Amo".
No había lugar a dudas, me dejo bien claro sus deseos, quería que me desnudase para El, allí mismo, en medio de aquel lugar... y mi mente incapaz de dejar pensar... Dioss! me vera desnuda... y si viene alguien?... Ufff no seas tonta no pienses y actúa complace a tu Amo... era constante esos pensamientos, y estuve así un rato, mientras El me miraba serio fijamente, pero muy seguro de que haría lo que me pedía; creo que me daba tiempo... no se. Al cabo de ese pequeño lapsus mental de dudas y autoconsejo, me decidí a dar el paso. Baje despacio la cremallera de mi vestido color azul marino con pequeños adornos florales, que me quedaba tan bien, y acto seguido me lo quite. El estaba ahí, quieto apollado sobre el capo del coche, mirándome fijamente, pero ahora tenia una pequeña sonrisa de satisfacción en la cara. Entonces dijo:
    -"Muy bien, zorrita, vas muy bien, ahora la ropa interior, lo quiero todo fuera, deseo ver toda tu piel"
Diosss !! la cara me ardía, y no conseguía mirarle a los ojos fijamente, sentía una vergüenza horrorosa, y sin embargo notaba como mi sexo se humedecía por segundos, aquella situación me estaba exitando, y El lo notaba. No quise hacer esperar mas a Mi Amo y desabroche mi sujetador, negro con detalles de encaje que trasparentaba mi pecho. Le mire, y vi como sus ojos estaban clavados en mi, a la espera de que la poca tela que me cubría desapareciera, me lo quiete y entonces sonrió y me dijo:
    -"Aun te queda algo que debes quitarte"
Uff aquella voz me erizaba la piel, y su miraba me ruborizaba, pero estaba tan exitada, que no quise  hacerle esperar mas, me baje las braguitas a juego con el sujetador, y me quede completamente desnuda, ante la mirada de Mi Amo, esa mirada que parecía que me iba a comer.

No dijo nada, solo me miraba fijamente se recreaba con lo que veía, se acerco a mi, se puso detrás y me abrazo cojiendome de la cintura y susurrando al oído:
    -"Precioso lo que veo, estas hermosa, pero mas hermosa te veras cuando me regales tus orgasmos"
Bajo su mano hasta mi sexo, y comenzó a acariciarlo, Dioss!! estaba superhúmeda, deseosa, exitada, en pocas palabras cachonda como una perra, como la perra que el quería que fuese. Estuvo acariando mi sexo con diferentes ritmos, suave, lento, fuerte rápido mezclaba ritmos, así hasta llegar al climax, ese punto en el que no puedes mas, en el que las piernas te tiemblan y explotas ... Y  consiguió que disfrutase como nunca antes lo había hecho, Mi Amo sabia muy bien como hacerlo.
    -"Bien mi zorrita, vístete, esto no ha hecho mas que empezar y aun nos queda mucho día por delante"
Le sonreí y me vestí... sabia que me quedaba mucho día por delante y que seria mucho mas intenso que lo vivido hasta el momento...


domingo, 25 de mayo de 2014

Esclava mía

 
ESCLAVA mía, témeme. Ámame. Esclava mía!
 
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
 
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
 
Cuando de ti se alejan vuelven a mis pasos.
 
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
 
Eres lo que está dentro de mi y está lejano.
 
 
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
 
Junto a mi, pero donde? Lejos, lo que está lejos.
 
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
 
El eco de las voz más allá del silencio.
 
Y lo que en mi alma crece como
 
el musgo en las ruinas.
 
                                                       Pablo Neruda


miércoles, 21 de mayo de 2014

INCERTIDUMBRE


Necesito tu presencia,
para postrarme a tus pies.

Pasan los minutos las horas y los días
y tú no estas.


Pasa el tiempo y sin aliento espero,
una señal.

En mi cuerpo no quedan marcas
que me recuerden a ti.

Y sin embargo en mi mente
noto que estas presente.

La necesidad de sentir tus manos
 es superior a mi.

Quiero notar como arde mi cuerpo
cuando me das los azotes.

domingo, 18 de mayo de 2014

Collar de lunas


He vuelto a ver 
anochecer 
de mil formas distintas 
en mil formas de amar. 

Quise volver 
a descubrir 
las canciones más peligrosas 
en tus ojos de otoño. 

Miénteme hasta hacerme feliz 
miénteme hasta verme llorar 
miénteme con mentiras prohibidas 
miénteme como tú sabes. 

Y como ves 
aún sigo aquí 
contando nubes de azúcar 
partiendo un corazón. 

Después del sol 
después de ti 
después de vidas robadas 
después mucho después. 


Como mentiras en lunas de miel 
como aeropuertos por estrenar 
como el nombre de un engaño tatuado en el pie 
como un collar de lunas. 
Perdóname 
perdóname 
he nacido para verte reír 
y no lo he conseguido.

miércoles, 14 de mayo de 2014

raquel del LXXI al LXXV


LXXI

Cuando tú me encontraste, no miraba,
no hablaba, sólo obedecía.
Era mala persona.
No abría mis sentimientos a nadie.
Temía que me hicieran daño
y así me dejaba llevar.
Ahora siento que soy diferente.
Dímelo tú, señor. ¿Soy diferente?


LXXII

Has sacado de mí
lo que nadie había visto,
lo que yo misma pensaba que no existía.


LXXIII

Tengo tus palabras pintando
sonrisas en mi cara.
Me veo guapa.
Iré al examen confiada,
pensando en ti. Y el resto
del día lo emplearé en hacerte disfrutar.
Pensaré en lo que has dicho que me harás
y esperaré la noche
para seguir siendo la perra de tu cuento.


LXXIV

Tienes razón.
No puedo elegir ser tu perra o no.
Ya lo soy.
A veces, cuando no puedes hablar
y te espero unos días,
me vuelve la inseguridad,
temo que te haya vuelto la cordura
y hayas tirado la toalla;
a veces, pienso más, que seré yo
la que no pueda más, la que se rinda
a la cruda evidencia.
Pero pase lo que pase, siempre
seré tu perra.
Siempre seré la luna de Aklan.


LXXV

No, por favor, prefiero
no comer nada ahora.
Estoy nerviosa.
¿Me dejas que te llame?


Aklan.